miércoles, 29 de septiembre de 2021

Alcalá y el Español de la Oficina

Este 29 de septiembre, un San Miguel más, y ya van 474, se conmemora el cumpleaños de Miguel de Cervantes, aunque las celebraciones oficiales y festivas se arremolinarán en torno al 9 de octubre, día del bautismo y única fecha cierta de la venida al mundo del escritor, como viene siendo tradición en Alcalá. Y no es tradición reciente ni mucho menos, pues desde hace más de 150 años ese día está señalado en el almanaque local. Bien es verdad que la celebración en los últimos años del Mercado del Quijote (o Medieval, como lo conoce todo el mundo) ha diluido ese añejo origen. Pero ahí está y seguirá estando. Y no solo para la gloria local, sino como un noble pretexto para festejar la existencia de un icono de las letras universales y en particular de la lengua española. Una circunstancia que, de manera tan torpe como incomprensible, ha sido ignorada por la controvertida Oficina del Español que acaba de presentar el Gobierno de la Comunidad de Madrid.


Cartel anunciador de Alcalá (Foto: Ayuntamiento de Alcalá)

Porque si de verdad el propósito de este organismo es "convertir a la Comunidad de Madrid en la capital europea del español", como se ha proclamado, resulta chocante que no se haya enarbolado la figura de Cervantes y lo que representa, ni tampoco se haya contado con Alcalá, que es mucho más que la patria chica eventual del Príncipe de los Ingenios. Y no por chovinismo rancio, sino porque es notoria la aportación de legados únicos a la empresa de promocionar la lengua y la cultura españolas en el mundo.

Claro que si desde la Administración regional se desprecia el valor simbólico de haber sido cuna, y no solo tumba, del autor del universal Quijote, no se puede esperar mucho más del reconocimiento debido a otros hitos también circunstanciales pero muy poderosos. Como por ejemplo el de haber sido Alcalá, la Comunidad de Madrid por tanto, escenario de la primera entrevista entre los Reyes Católicos y Cristóbal Colón. 

Tres meses, dictan las crónicas, esperó el navegante en un hospedaje cercano al palacio de los Arzobispos de Toledo en esta curva del Henares a que la reina Isabel diera a luz a su última hija, la infanta Catalina, futura reina de Inglaterra, y reanudaran las audiencias para poder contarles su proyecto de trazar una nueva ruta hacia las Indias surcando el océano en dirección a Occidente. Y el comienzo del sueño americano y del concepto de "Hispanidad" que la presidenta Isabel Díaz Ayuso está vendiendo en su gira por Estados Unidos, nació en la fría mañana del viernes 20 de enero de 1486, cuando Colón, arrodillado en un cojín, contó su aventura y pidió amparo a unos perplejos reyes, que presidían en altos sillones el desaparecido salón de San Diego del palacio complutense.

Menos de medio siglo después de aquella primera entrevista, a apenas medio kilómetro de ese escenario, ya funcionaba a pleno rendimiento el colegio fundacional de una universidad que serviría de soporte intelectual a la empresa de las Américas, así como de modelo cultural para las primeras fundaciones académicas en la otra orilla. El águila bicéfala estampada en la parte superior de la fachada recordaba, por otra parte, el poder terrenal que todo lo sustentaba y que tenía su centro telúrico a menos de cien kilómetros, pero también sin salir de la Comunidad de Madrid: el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.


Escudo imperial que remata la fachada del Colegio Mayor de San Ildefonso (foto: Universidad de Alcalá)

Quinientos años después, este monasterio y aquel colegio, el de San Ildefonso, atesoran la declaración de Patrimonio Mundial. Y en este último caso, dos de los tres criterios que expertos de la Unesco esgrimieron para concederle valor de universalidad fueron, literalmente, su contribución al desarrollo de la lengua española y la proyección de ésta y de la cultura española en el mundo, empezando por América.

Obviar por parte del Gobierno regional esa valiosa herencia, única e intransferible, es un desperdicio difícil de entender e incluso de tolerar. Y no se trata de protestar desde Alcalá por la 'contraprogramación' que se ejerce desde Sol organizando un festival de la Hispanidad -con casi un centenar de actividades y todas, increíblemente, en la capital- que coincide con la Semana Cervantina y el Mercado alcalaínos, como se ha quejado lastimeramente el Gobierno municipal complutense. La reclamación ha de ser mucho más ambiciosa.

Al menos Toni Cantó, responsable máximo de la oficina, no puede alegar ignorancia porque conoce la ciudad de mucho antes de visitarla como político. El fue uno de los actores que participó en la edición pionera del festival Clásicos en Alcalá en 2001, enrolado en el elenco de una versión de Las amistades peligrosas. Y tres años más tarde presentó la ceremonia de los Premios Ciudad de Alcalá, galardones culturales con más de medio siglo de trayectoria, de los más veteranos de la región. Y solo son dos ejemplos de lo mucho de lo que ha sido actor y testigo aquí.


Cartel de despedida en una autovía de la región

A no ser, claro, que haya otros objetivos e intereses en juego, y que la promoción cultural y económica desde la lengua en la región -una meta, por otro lado, que ya se le presumía al Gobierno autonómico- responda a otras intenciones que desconocemos. El tiempo lo dirá. Pero de momento, resulta tan evidente como chocante que el español del que habla el Ejecutivo autonómico y que ha justificado la creación de su oficina, no sea el mismo de Alcalá y del resto del área metropolitana. Responde a la misma gramática extraña y excluyente que se plasma en los discursos y soflamas oficiales e incluso en  esos carteles de entrada y salida de la Comunidad en las autovías radiales donde solo pone Madrid bajo siete estrellas de blanco con fondo rojo. 

1 comentario:

  1. Magnífico análisis que constituye, por sí mismo, un inteligente informe sobre la situación que vivimos ¡Enhorabuena!

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